Azar y casualidades.

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Hace unos años -a la par que el principal- mantenía un blog secreto, a golpe de vocabulario. Para complicarlo más, utilizaba un pequeño diccionario francés-español que encontré en la casa. La mecánica no era compleja. Abría al azar y elegía una palabra de la página mostrada. Buscaba su definición en el diccionario ideológico de Julio Casares y de ahí montaba el ejercicio de rellenar con un fragmento, propio o ajeno, que tuviese relación con la palabra.

En algunas ocasiones resultaban posts curiosos, por la peculiaridad del término que hubiese resultado de la búsqueda aleatoria. Hoy buscaba uno de esos y, de nuevo la casualidad, el primero que ha aparecido en la pantalla ha sido el que reproduzco.

Orgasmo. m. Momento de máxima excitación de los órganos sexuales en el que se experimenta un placer intenso, y que va seguido de una relajación.

“Por la noche nos hablamos, nos miramos por Skype, hacemos el amor por videocámara. Es decir, no lo hacemos. Es decir, nos masturbamos juntos, separados. ¿Dónde está cada cual? ¿En qué país? La distancia se acorta y a la vez se hace evidente, nos sentimos mucho más cerca y mucho más lejos. No llegamos al orgasmo al mismo tiempo. Lógico: la señal llega diferida.”

Andrés Neuman. Cómo viajar sin ver.

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Jugar de farol.

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Y con las cartas marcadas.

A estas alturas de la partida ya voy necesitando acabar con la incertidumbre, dejar de sobrevivir a base de conjeturas, ir concretando opciones, desechando titubeos, despejando dudas, obviando indecisiones, rehusando vacilaciones…

Es posible que sea mi última baza. Está decidido. Voy a jugar de farol. Triunfar… O abandonar…

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Confesiones.

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Las confesiones atan.

Se produce una conexión entre el que narra y el que escucha de tal magnitud que algunos nudos ya resultan imposibles de desenlazar. No conviene dejar a la suerte la elección de interlocutor, por mucho que pienses conocer a la persona que tienes enfrente, de espaldas, comiéndote el perfil, al otro lado del teléfono ni detrás de una pantalla tan semejante a la tuya que se pudiera pensar que estás hablando contigo mismo.

Yo no me confieso a menudo a nadie en particular. Aquí sí, no por el anonimato (la mayoría de los paseantes asiduos conoceis mis coordenadas), sino por el placer de saber que nadie juzga y porque me siento libre de escribir aquello que quiero o no decir…

En los últimos días he caído en la tentación de hacerme partícipe de confidencias que no quería escuchar. Y ahora me siento tan amarrada que incluso me avergüenzo de no haber prestado atención mientras me hablaba.

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Cumplir deseos.

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Anoche lo tuve a mano, en la punta de los dedos…

Después, la pastilla hizo su efecto y todo se desvaneció…

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Charlar.

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Según iba repasando y corrigiendo el post anterior, actividad que (no sabiendo bien, a pesar de estar ya a la vista, si quería o no verlo publicado) me llevó parte de la tarde de sábado, recibí un mensaje en facebook de alguien con quien no suelo tener contacto. Que vi al instante porque tenía -en contra de mi costumbre- varias ventanas abiertas, esperando quizá que por ellas entrara el suficiente aire fresco que me despejara de la confusión en la que yo solita me estaba ovillando.

El mensaje se refería a un comentario que hubiese puesto, de haberle dejado el sistema, en el post que yo todavía seguía no sé muy bien si mejorando o empeorando. Respondí inmediatamente y, más o menos dos horas después, no sólo había mantenido una conversación de las que de verdad ayudan a clarificar conceptos sino que llegué a pensar que había ganado una confidente para toda la vida.

Te di las gracias en privado y las repito en público. No llegué a aclarar nada, ni sé si lo voy a intentar, pero tus palabras fueron lo mejor que me pasó en todo el fin de semana.

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Soñar contigo…

Estaba recuperando mis canciones de Zenet. Aquellas que me enamoraron la primera vez que las escuché. Fue una tarde de nostalgias, de recuerdos pero también de olvidos, de intentar ir colocando cada cosa en su sitio, de borrar y rearchivar, de limpieza de cuerpo y alma, de desear no haber vuelto a empezar…

Como por casualidad, influida sin duda por todas esas horas pasadas conmigo misma, en cuanto nos encontramos me sentí en la necesidad de contar… Se fueron sucediendo las confesiones por ambos lados, insólitas e inesperadas, a fondo, haciendo surgir secretos de los más recónditos rincones… En algún instante me sentí inocentemente engañada, superada por la responsabilidad en otros, y en todo momento vulnerable y abrumada…

Resultó una noche intensa, no tanto por el tiempo que duró la conversación como por sus consecuencias… Subió tanto el tono de apasionamiento que llegamos a confundirlo, en algún momento, con algo que tan frívolamente en ocasiones llaman -llamamos- amor…

Siento que todo ha cambiado, que nunca más vamos a estar cómodos, quizá más debido a mi ignorancia y mi simpleza (yo que me creía tan por encima de todo, tan experimentada) que a las circunstancias reales que han rodeado desde el principio esta especie de simulación de relación, que me ha convertido en una persona que, aún formando parte de mí como sin duda lo ha estado siendo todos estos años pasados, me resulta extraña y singular, misteriosa y totalmente ajena…

Mientras escribo (pre)siento que me he equivocado. Y me ahogo en llanto porque ya lo estoy lamentando…

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Entre fuego y… fuego.

fuego y fuego

Pensaba que se me fundía el móvil entre los dedos.

Yo intentaba contarle cómo el fuego arrasaba nuestra totémica montaña, el estruendoso ruido de los hidros, pasándonos tan a ras de terraza que incluso succionaba el poco aire que nos llegaba, que hacía que mis dedos temblasen al teclado, con lo que las palabras, ya de por sí difíciles, se trababan…

No me escuchaba. Su propósito era no permitirme hablar de algo diferente a su pasión del momento siesta, intentando recuperar el tiempo que (cuánto me había echado a faltar, repetía…) habíamos desperdiciado por la mañana…

Un fuego me estremecía. El otro me abrasaba…

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