Dimensión.

amor virtual

Me enamoré en primavera. También me enamoré en verano. Podría volver a enamorarme en otoño. Aunque ahora creo que ya estoy moviéndome en otra dimensión.

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Mañana.

erica hopper

Aunque hoy ya es el mañana de ayer, yo continúo pensando que algún día – ayer, hoy, mañana- será el acertado, llegará.

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La cita (2)

fiebre1

Y, cuando parecía que iba a volver a empezar, surgió la fiebre…

Un virus inesperado interrumpió la segunda parte, que se prometía tan memorable como la anterior…

Como las conversaciones que mantenían en el chat cuando alguien se acercaba -en cualquiera de los lados, cualquier día, a cualquier hora- a incordiar…

No supuso, sin embargo, el fin de la cita. Esa es otra historia que todavía no se puede contar…

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La cita (1).

baño
La noche llegó, con su lluvia. Y el deseo intacto, si no aumentado…

Al fin apareció en la pequeña pantalla del móvil la proposición correcta y entonces a ella le entraron de súbito las ganas de salir. Tan sólo había tomado unas cervezas y un helado , y presumiendo una noche larga y excitante, pensó que más le convenía comer, si no quería desfallecer al primer envite. Así que le envió una foto tomada apenas unas horas antes, le dio largas y desconectó, sin esperar una respuesta que, estaba convencida, no le iba a gustar…

Pero, consciente de que el juego del gato y el ratón no podía durar mucho más, y teniendo todavía la situación controlada, el siguiente mensaje fue un sitio concreto y una hora próxima. Ya no quería dilatarlo más…

Dos abrazos y un casto beso en la calle después casi lo arrastró a la habitación que -con tanto esmero- había elegido para el encuentro, que se suponía, por la experiencia virtual, iba a resultar triunfal…

Varias horas después ambos seguían despiertos, sudados, húmedos, satisfechos, perfumados de sus fluidos, desinhibidos, contentos…

Y ni una sola palabra de amor…

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La cita.

manos

Cuando una mujer seductora y sensual se prepara para la primera cita con el que puede resultar el hombre de su vida, no deja casi ningún detalle al azar. De los que dependen de ella, por puntualizar…

Una sesión de depilación, peluquería y spa el día anterior para llegar en perfecto estado de revista, y, además, hidratada, masajeada por manos expertas y relajada, no vaya a surgir un ataque indeseado de ansiedad…

Una visita a la lencería de referencia, para renovar el vestuario interior, no por usado el habitual, sino por deseo expreso de estrenar…

Un hotelito con encanto buscado y encontrado en la red y reservado utilizando todos los métodos de seducción, que en el puente no habían contado con tanta ocupación…

El que podía haber sido un destino neutral se convierte, por expreso deseo de la mujer, -seductora, sensual y con ambición de, aún jugando de farol, triunfar, por lo que lleva la iniciativa-, en la ciudad de residencia de él, dándole todas las facilidades para que el encuentro no le resulte gravoso por tenerse que desplazar…

Por un instante cree que la va a recibir en la estación. Cuando comprueba que no, y que ha de tomar un taxi, piensa que la sorpresa se la llevará viéndole al llegar a la puerta del hotel. Tampoco lo encuentra allí, y empieza a dudar de haberle proporcionado las coordenadas correctas. Le envía un mensaje que se pierde en el ciberespacio, o al menos eso piensa, al no recibir respuesta, que -considera- habría de ser inmediata…

Y aún así, más de tres horas después de su llegada, sigue recibiendo excusas que, mantiéndose a un nivel superior de ironía y sarcasmo, prefiere no comentar…

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Me gusta.

me encanta

Me encanta saber que me buscas pero todavía me gusta más que no estés seguro de que vas a encontrarme.

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Olfato.

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El instante de abrir un paquete de café. Los dos últimos minutos de microondas de las palomitas. La cebolla friéndose a fuego muy lento en la sartén. Partir un jugoso tomate por la mitad. Perejil fresco recién arrancado de su mata. Las sardinas debajo del chorro de agua fría…

El asfalto mojado después de un chaparrón. Las sábanas blancas secándose al sol. El mar en día de resaca. El viento de poniente. La nena recién levantada. Las flores de jazmín abriéndose al caer la tarde…

Un libro reción comprado, la colonia cítrica que tanto me gusta, el aroma de tu piel cuando me hablas al oído…

El humo del cigarrillo consumiéndose en el cenicero junto al portátil mientras los dedos vuelan sobre el teclado…

Dicen que los fumadores no tenemos olfato…

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