La red está que arde, y yo ahora mismo no puedo dedicarle el tiempo que necesitaría para intentar estar al tanto de todo lo que me interesa. Estoy estudiando la transformación del Estado y compruebo que parte de la teoría ha quedado desfasada, a pesar de ser un texto publicado el año pasado. El mundo, el sistema -en general- se agita y cambia con demasiada rapidez al mismo tiempo que yo ralentizo mis movimientos. Soy presa de la infoxicación, sin entender demasiado cómo he podido caer en esa trampa. Necesito más y al tiempo sé que debería conformarme con menos.
Hoy no voy a volver a encender el portátil, es otra red la que me interesa. Tuve la oportunidad de conseguir una entrada para Wembley que no hubiese aceptado. No estoy para viajes ni para multitudes. Veré el partido en el sofá de casa de Marta, con una botella de vino que llevamos días reservando y varios platillos de delicatessen que prepararemos mientras los jugadores calientan. Mi salón estará tomado por las niñas, a las que también dejaré la nevera repleta de chucherías. Esta tarde es de fútbol. Y que gane el Barça.





